Saturday, March 22, 2003


El Anciano levantó sus ojos para ver los míos. En cuestión de segundos me enteré que sus ojos cruzaban mi alma. Tuve un presentimiento intrínseco de advertencia; percibí que el Anciano veía mi pasado, mi presente y mi futuro. Sentí que todos mis secretos estaban ante él. No era una sensación de humillación. Su presencia irradiaba un fuerza terrible que sentí en todo mi ser. Por un instante pensé que había cometido un error al acercarme. Pero en sus ojos podía ver la mirada de Dios.

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