Friday, January 02, 2004



CARA DE UNA SEÑORA TRASTORNADA

-¿Tijuana? ¿Por qué se van a vivir allí? Es una ciudad fea. A mi no me gusta –Dijo la señora.

Yo estaba sentado en la mesa, la señora estaba sentada frente a mí. Me hizo de cenar y se sentó conmigo para darme sus opiniones. Sospeché que de esta forma me cobraría la cena, si hubiera sabido, mejor le pago en efectivo. Valen más las palabras que el dinero.

La casa estaba bonita, con excepción de un detalle: Habías miles de casas idénticas alrededor de nosotros. Pensé que está parada era una pesadilla. Desde que crucé la frontera de Oregon y California me llené de espanto.

Permanecí callado, disimulé mostrar interés en sus palabras.

-La cena está deliciosa –mentí.

-Yo aquí estoy muy a gusto, no extraño México –exclamó ignorando mi cumplido.

Intenté descifrar los ingredientes de la cena. Parecía carne cocinada con salsas y picantes. Empecé a pensar cuál es la mejor forma para decirle que vive en un pozo venenoso sin darse cuenta.

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